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sábado, 24 de junio de 2017

Leer, escribir, hablar y escuchar. F. JAVIER MERCHÁN IGLESIAS


Leer, escribir, hablar y escuchar


F. JAVIER MERCHÁN IGLESIAS

Catedrático de Secundaria y Profesor de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla
Reconociendo los avances, claramente puede decirse que la eficiencia de la escuela para producir una alfabetización crítica de la población es manifiestamente mejorable
Hay un gran consenso entre los docentes a la hora de señalar a la lectura comprensiva, la expresión oral y escrita o el cálculo y razonamiento, como los principales problemas que dificultan la adquisición de conocimiento por parte de los alumnos. A este respecto, por cierto, también hay consenso en considerar que las denominadas pruebas Escala, que desde hace varios años realiza por estas fechas la Consejería de Educación para comprobar el nivel de competencia del alumnado, son perfectamente prescindibles: no nos dicen nada que no sepamos y realmente contribuyen poco a la solución de los problemas que se pretenden detectar. Su persistencia no se justifica por su utilidad.
El caso es que, al margen ahora de la supuesta virtualidad de las pruebas, sin necesidad de ellas, los docentes saben que las deficiencias en estos recursos instrumentales son la pieza clave que explica el fracaso académico de muchos alumnos y la ralentización del logro en la adquisición de conocimientos, y saben que en este asunto estamos lejos de alcanzar las metas deseables y esperables. Reconociendo los avances producidos en los últimos cincuenta años, claramente puede decirse que la eficiencia de la escuela para producir una alfabetización crítica de la población, es manifiestamente mejorable.
Entre otros objetivos, la sociedad encomienda al sistema educativo promover en los alumnos la capacidad de razonamiento, así como la adquisición de conocimientos que ayuden a entender y discernir sobre el mundo social y material. Para ello resulta imprescindible el manejo de los códigos de la comunicación con los que se expresa y transmite la cultura, es decir, entender lo que se lee, explicar lo que se quiere decir, entender lo que se oye y razonar sobre lo que queremos saber; sin ese dominio, es mucho más difícil el ejercicio de la ciudadanía y la adquisición de conocimiento.
Se dice que el actual modo de vida de los jóvenes es un pesado hándicap para formar en habilidades que requieren una disposición muy diferente. Sin embargo, habiendo mucho de cierto en ello, tal cosa no puede ser una excusa o justificación, pues hoy el encargo de la sociedad es el de alfabetizar a esos niños y jóvenes, no a los de hace 50 años.
Ahora bien, no es menos cierto que la actual estructura de la escolarización, con sus horarios rígidos, asignaturas cerradas, gestión muy burocratizada, exámenes convencionales… lejos de aportar la solución, está convirtiéndose en parte del problema. Siendo el conocimiento un asunto complejo, la institución escolar tiende a simplificarlo. Transmitiendo a los alumnos la idea de que saber consiste meramente en reproducir lo que otros saben, el texto no se lee, se copia; las ideas no se escriben, se imprime lo que otro ha escrito. Si miramos los libros de texto y buena parte de las rutinas que se practican en el aula, las llamadas actividades no consisten realmente en pensar sobre una pregunta o problema, sino en buscar la página en la que se encuentra la respuesta. Generalmente los alumnos no estudian, es decir, no trabajan sobre un problema de conocimiento, sino que preparan exámenes. Y los exámenes, ya se sabe, no son exactamente un recurso para dar cuenta del conocimiento que se tiene sobre un asunto, sino para reproducir lo más fielmente posible lo que el profesor les dijo o lo que consta en los apuntes tomados de internet o en las páginas del libro de texto. En realidad, cuando, por ejemplo, se pregunta por las causas de la revolución industrial, la pregunta es dime las cuatro causas de la revolución industrial que te dije ayer. De esta forma, leer, escribir, hablar, escuchar y pensar, son tareas que acaban siendo prácticamente actividades extraescolares.
Se habla mucho del fracaso escolar refiriéndose al rendimiento de los alumnos, pero quizás sea más importante pensar sobre el fracaso de un sistema que en los albores del siglo XXI funciona de la misma forma que en el siglo XIX. Contengamos la irrefrenable tendencia a señalar culpables -generalmente, se dice, los docentes-. Vale más analizar los problemas y tomar nota de las múltiples experiencias que se vienen sucediendo en España y en otros países. A este respecto tanto en los medios de comunicación generales como en los profesionales se viene dando cuenta de tendencias prometedoras que, inequívocamente, pasan por cambios significativos en la estructura actual de la escolarización. Cambios de calado que no pueden producirse de la noche a la mañana pero que son viables si se establecen objetivos y estrategias. Para estos cambios es necesario apelar a la política, a la política educativa y a otras, pues, por sí solas, las escuelas y los profesores carecen de los recursos que requiere su reforma. Esperemos, por cierto, que el pacto educativo no sea el parto de los montes.
FUENTE:



sábado, 22 de abril de 2017

21 de Abril. Día de la Poesía. Colegio Antonio Gala.



21 de Abril. Día de la Poesía. Colegio Antonio Gala..

Poemas de Antonio Machado, Neruda, Alberti, Lope de Vega, Espronceda, anónimos, creados por nuestros pequeños poetas, en rap, ópera ...
Desde Secundaria a a Infantil la poesía ha llenado el Antonio Gala.

En las imágenes alumnos de Secundaria y Primaria llevan la poesía a nuestros niños de Infantil









viernes, 3 de marzo de 2017

Principios de la Pedagogía de María Montessori para los padres y madres.

Principios de la Pedagogía de María Montessori para los padres y madres

Aquí de dejamos 15  de esos principios que enunció en su momento María Montessori, y que seguro te serán de ayuda.
  • Recuerda siempre que los niños aprenden de lo que les rodea. Sé su mejor modelo.
  • Si criticas mucho a tu hijo, lo primero que aprenderá es a juzgar.
  • En cambio, si lo elogias con regularidad, él aprenderá a valorar.
  • ¿Qué ocurre si le muestras hostilidad al niño? él aprenderá a pelear.
  • Si se ridiculiza al niño de modo habitual, será una persona tímida.
  • Ayuda a que tu hijo crezca sintiéndose seguro a cada instante, será entonces cuando aprenda a confiar en los demás.
  • Si  desprecias a tu hijo niño con frecuencia, se desarrollará un sentimiento muy negativo de culpa.
  • Propicia que tu hijo vea que sus ideas y opiniones son siempre aceptadas, con ello conseguimos que se sientan bien ellos mismos.

  • Si el niño vive en una atmósfera donde se siente cuidado, integrado, amado y  necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.
  • No hables mal de tu niño/a, ni cuando está cerca, ni cuando no lo está.
  • Concéntrate en que tu hijo está creciendo y desarrollándose de modo óptimo, valora siempre lo de lo bueno del niño de tal manera que no quede nunca lugar para lo malo.
  • Escucha siempre a tu hijo y respóndele cuando él se acerque a ti con una pregunta o un comentario.
  • Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Apóyalo. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante.
  • Debes estar dispuesto/a a ayudar a tu niño si busca algo, pero debes también estar dispuesto a permitir que encuentre las cosas por sí solo.
  • Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera. Ofrécele lo mejor que hay en ti mismo/a.

jueves, 19 de mayo de 2016

¡Cuidado! Llega la hiperpaternidad.




¡Cuidado! Llega la hiperpaternidad.
Los niños de hoy son víctimas de una nueva epidemia de sobreprotección que les impide ser autónomos y les hace frágiles

Si usted carga con las mochilas de sus hijos en cuanto salen del colegio, ¡cuidado!, podría entrar dentro una nueva categoría: los hiperpadres, temidos por maestros y pedagogos, que organizan hasta el último detalle de las vidas de sus hijos y no les dan opciones para valerse por si mismos. 
Pero, además del pequeño detalle de la mochila, ¿cómo reconocer si formamos parte de ese grupo? La periodista Eva Millet lo define perfectamente en su último libro: los hiperpadres hablan en plural cuando se refieren a las cosas de sus hijos («hoy tenemos examen de matemáticas»), están obsesionados con que reciban la mejor educación (a poder ser, precozmente) en el mejor colegio o universidad, discuten constantemente las posiciones de maestros y entrenadores, planean  numerosas actividades extraescolares y, sin embargo, no permiten que sus hijos participen en las tareas de  la casa ni asuman obligaciones básicas como hacerse la cama o poner la mesa. 

Padres mayordomos

Son padres que ejercen de chóferes, entrenadores, guardaespaldas, profesores particulares y mayordomos... en resumen: estresados, que acaban criando hijos agobiados que crecen incapacitados por exceso de protección. Las causas, según explica el experto Carl Honoré en el libro, pueden buscarse en la «tormenta perfecta en la que intervienen la globalización y un aumento de competencia que, unidos a la inseguridad cada vez mayor en los lugares de trabajo, nos han hecho más ansiosos respecto a preparar a nuestros hijos para la vida adulta». En resumen: «hoy queremos dientes perfectos, un cuerpo perfecto, las vacaciones y la casa perfecta y, obviamente, los niños perfectos para completar el cuadro». A esto hay que sumar el estrés del estilo de vida que nos han impuesto, que transmitimos a nuestros hijos con ese omnipresente «¡corre!» que nos persigue sin descanso y hace que, como explica la pedagoga Cristina Gutiérrez Lestón, «toda esta falta de tiempo y de espacio para 'ser' genere una serie de carencias emocionales en muchos niños y niñas, que no saben desenvolverse en un grupo de gente. Se sienten débiles y con un montón de  miedos».
La conclusión, aseguran, es preocupante: tal vez estemos criando la generación más frágil e insegura de la historia», lo que para Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, debería hacernos pensar que, ante todo, los niños necesitan unos padres relajados. «Es un derecho de la infancia», asegura.

Por dónde empiezo

A pesar de la alarma, el panorama tiene solución. El camino a seguir se llama underparenting, o, en otras palabras, hacerles menos caso a los hijos. ¿Y cómo se hace eso? La experta propone en el libro algunas claves para poder empezar,que comienzan, otra vez, con la mochila. «Usted no ha de cargar por sistema con sus cosas. Parece una nimiedad, pero que carguen ellos con su mochila es una forma efectiva de educar la responsabilidad».
También sugiere que no se les permita a los niños interrumpir las conversaciones, y que no les preguntemos sistemáticamente todo (desde qué quiere comer hasta qué medicamento prefiere tomarse para la fiebre). La línea a seguir se define como «sana desatención», sin anticipar todo tipo de contratiempos ni pasarse el día alrededor de los niños para intervenir a la mínima de cambio. En la lista de recomendaciones se incluyen otras muy curiosas y concretas, como la de no hablar en plural o no pasarse el día colgando fotos de los hijos en las redes sociales. «Esta avalancha, no solo esta consiguiendo matar la espontaneidad infantil, sino también crear pequeños narcisos».
Otro aspecto importante es el de la educación. Aquí la experta es clara: «la educación no consiste solamente en adquirir títulos (). Que su hijo o hija sean capaces de dar las gracias y de encajar una frustración es también parte fundamental de su formación». Es importante, además, no interferir demasiado en las decisiones del colegio e intentar que el niño aprenda a asumir sus propios errores.

Relájense, sin miedo

Pero ¿qué es lo que nos impide soltar a nuestros hijos de la mano? ¿por qué los sobreprotegemos hasta rozar muchas veces el ridículo? Pues algo tan humano como el miedo. «Miedo a equivocarnos -explica la autora-. A decirles «no». A traumatizarlos. A o darles todo lo que consideramos que se merecen. A no conseguir que sean felices. A que sufran. Incluso a no conseguir esos hijos perfectos que parece que hoy todos hemos de tener». La receta para superarlo es relajarse, y disfrutar de ser padres, para que también ellos disfruten de ser hijos. «Mi consejo es que sean afectuosos con sus hijos, que estén con ellos cuando lo necesiten pero no encima de ellos todo el día. Que no se pongan nerviosos porque el hijo del vecino esté aprendiendo chino y, según sus padres, sea una criatura rayana a la perfección». Hay que decir no, exigirles que colaboren y también «decirles que les queremos, pero que ello no equivale a que tengan una serie de derechos adquiridos, ni sobre ustedes ni sobre el resto del mundo»
FUENTE:

lunes, 16 de mayo de 2016

EL BUEN PROFESOR(A).Carmen Pellicer



EL BUEN PROFESOR(A).Carmen Pellicer
 (Publicado en CEIDE, Observatorio de innovación educativa).

Este es nuestro particular decálogo:


1. Sabe y cree que lo que sabe es importante y necesario para comprender la vida y a uno mismo, y para avanzar, y por eso profundiza en el conocimiento de lo que quiere enseñar y busca las maneras de hacerlo sencillo y comprensible para todos los alumnos. 

2. Conoce bien a sus alumnos, no solo como son, sino también por qué son como son y, sobre todo, de qué son capaces. Tiene de cada uno de ellos una visión de hacia dónde pueden crecer en todas sus dimensiones, y sabe cómo empujarles hacia adelante para lograr lo mejor de ellos mismos.

3. Identifica las necesidades y los momentos en los que está cada alumno y cómo afectan a su desarrollo personal y genera una multiplicidad de oportunidades y recursos variados para que todos se impliquen y aprendan en profundidad. 

4. Maneja con agilidad diferentes estrategias y metodologías que dotan a la clase del ritmo y las tensión necesaria para estimular la motivación, la curiosidad, la atención y la reflexión de sus alumnos.

5. Hace a sus alumnos cada vez más autónomos y protagonistas de su propio aprendizaje, creando un clima cálido y respetuoso de participación y colaboración mutua, gestionando los conflictos con firmeza y eficacia. 

6. Fomenta la creatividad y amplía los horizontes de aprendizaje facilitando el acceso a diferentes recursos, experiencias, lenguajes, interlocutores y herramientas tecnológicas. 

7. Dedica tiempo y esfuerzo personal a pensar sobre cada uno de sus alumnos y sus clases, que prepara, planifica y modifica a la vez que estudia, investiga y contrasta para crecer con y para ellos. 

8. Acompaña los procesos de maduración y aprendizaje de cada alumno, evaluando y discerniendo sobre lo que ve y lo que revela aquello que ve, y proponiendo iniciativas de mejora y superación continua.

9. Comparte su conocimiento y experiencia, y trabaja en equipo con sus compañeros, implicándose en un proyecto común que ayude a sus alumnos más allá de su aula y de su misma escuela, haciendo cómplices de su educación a las familias y otros agentes sociales presentes en la vida local. 

10. Disfruta de los éxitos de sus alumnos y vive sus fracasos como propios, cree en lo que hace y sabe que lo que hace puede marcar una diferencia en sus vidas, y por eso se compromete con ellos, y saca lo mejor de sí mismo para ellos. Pero creo, que al final, y después de muchos años de docencia, he aprendido que tienes que quererles lo suficiente para que te importen. Esto no se puede poner en el decálogo porque el cariño no se puede exigir, solo regalar. Por eso, delante de cualquiera de mis grupos de alumnos, pequeños y grandes, necesito dejarme seducir y embaucar por ellos, y entonces dejarme la piel y la vida en arrancarles sonrisas, miradas de complicidad, preguntas e inquietudes, hacerles enfadar y sorprenderles. Y entonces ese cariño que se nutre del roce diario, la impaciencia, el cansancio superado, la rutina que se rompe, a la vez que de las miles de recompensas fugaces que recibes cuando les ves crecer y ser más y mejor. Ese cariño es el que les educa, y el que te sostiene a ti.



FUENTE:


sábado, 9 de abril de 2016

¿Qué es la Utopia? ¿Para qué sirve?



¿Qué es la Utopia? ¿Para qué sirve?


Ella está el Horizonte... me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos más.

Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré,

¿para qué sirve la utopía?,
para eso sirve: para caminar.


Eduardo Galeano.(1940-2.015)


"La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor. "
Anatole France (1844-1924) Escritor francés.

" Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.
 "Gabriel García Márquez (1927-?) Escritor colombiano.

" En la utopía de ayer, se incubó la realidad de hoy, así como en la utopía de mañana palpitarán nuevas realidades."José Ingenieros (1877-1925) Médico, psiquiatra, psicólogo, farmacéutico, escritor, docente, filósofo y sociólogo ítalo-argentino.


Interesante artículo de Wikipedia sobre la Utopía...



jueves, 3 de marzo de 2016

Colegio ideal: más allá del ranking, el inglés y la cercanía.Web Sapos y Princesas

Colegio ideal: más allá del ranking, el inglés y la cercanía

Web Sapos y Princesas
Sabemos que escoger colegio es una de las decisiones más complicadas a las que se enfrentan los padres. Para concienciarnos de lo que esta decisión puede implicar, no solo para nuestros hijos, sino para la sociedad, hemos contado con nuestro partnerAshoka España, una organización que apuesta por el emprendimiento social y que invita a los ciudadanos a ser actores de cambio, que nos alerta de la importancia de tomar esta decisión de acuerdo con nuestros principios.

El tiempo hará que nuestros hijos descubran la verdad. Nuestros defectos, carencias, nuestro desorden o impaciencia. Se darán cuenta de que, en contra de lo que ahora ven con absoluta certeza, estamos lejos de ser madres perfectas. Qué no sabemos hacer trenzas de raíz, ni entonar bien el ‘Cumpleaños feliz’. Que no bailamos bien o que los gatos que les dibujamos son aún peores que los que pintábamos con 8 años.
El tiempo hará que se superen algunas cosas, pero también que se acentúen muchas otras.
Si educamos a nuestros hijos en el miedo, en el egoísmo y en la competitividad.En la inseguridad, en el rechazo al diferente, en la dependencia de lo material… el tiempo hará de ellos personas agobiadas, tristes, que no sabrán sobrevivir con éxito en un mundo de constante cambio.
Si les enseñamos a ser autónomos, a analizar, a pensar y a discernir. Si les enseñamos a asumir riesgos, a colaborar, a pensar en los demás y a creer en ellos mismos como protagonistas de su vida, el tiempo nos permitirá ver a adultos justos, luchadores y felices.
¿Quién no opta por esta segunda opción? Y si todos optamos por ello, ¿estamos realmente dando los pasos necesarios y coherentes para caminar hacia allí?
Unos 425.000 niños y niñas españoles se matricularán próximamente en un colegio, lo que supone que muchas madres y padres nos enfrentaremos a la difícil decisión de escoger un centro educativo para nuestros hijos. ¿Qué criterios hay que tener en cuenta a la hora de tomar esta decisión?
No se trata de consultar rankings, sino de asegurar que tenemos claro aquello a lo que damos importancia, y elegir en consecuencia.
Para ello, os animamos a haceros preguntas diferentes, que vayan más allá del nivel de inglés, del tamaño de los patios, de la cercanía a casa o de la variedad de extraescolares.
1. Y si mi hijo/a va más rápido o más lento que el resto de su clase, ¿tendrá las mismas oportunidades que sus compañeros?
2. ¿Qué tipo de valores promueve este colegio? ¿Se respiran en su propio equipo directivo?
3. ¿Sabrá encontrar este colegio en mi hijo/a su pasión y su talento?
4. ¿Atiende este colegio con igual importancia la inteligencia lingüística y lógico matemática, que la musical, emocional, o interpersonal?
5. ¿Percibo que es un colegio donde se aprende a través de la experiencia y de la vivencia, o sigue anclado en la memorización como vehículo de transmisión?
6. ¿Qué va a hacer el colegio para que mi hijo/a sea una persona empática e implicada en mejorar la sociedad?
7. ¿Le va a enseñar a trabajar en equipo y a colaborar con personas diferentes a él/ella?
8. ¿A afrontar la incertidumbre, a arriesgar y a equivocarse?
9. ¿A pensar? ¿A resolver problemas de forma creativa?
10. ¿Es un colegio inclusivo, con un buen modelo de integración de personas con capacidades diferentes?
Os animamos a que os hagáis estas preguntas, a que busquéis las que verdaderamente os importan. Explorad y decidid.
No existe un colegio idóneo. Depende de las prioridades y valores de cada uno. Si solo nos quejamos y decimos que la educación va mal, no vamos a cambiar las cosas. Es imprescindible empezar por poner nuestros criterios y elegir colegio acorde con nuestros principios. De esta manera, estaremos creando una nueva demanda, y solo así, el sistema educativo cambiará, para adaptarse a ella.
Por Ana Sáenz de Miera
Directora de Ashoka España
Fuente:

elegir-colegio

martes, 1 de marzo de 2016

REGALOS DEL CUARTO REY MAGO José María Toro


REGALOS DEL CUARTO REY MAGO 
José María Toro

*Una flor, para que aprendas a amar la tierra.
 *Una jaula sin puerta, para que aprendas a amar el aire
*Una vasija de barro, para que aprendas la fragilidad de las cosas. 
*Un reloj sin manecillas, para que vivas todo en presente. 
 *Un abrazo en silencio, para que alumbres en ti la ternura. 
 *Un libro, para que te sientas más libre. 
 *Un día sin televisión, para que la noticia seas tú.
  *Un paseo por el campo, para celebrar la belleza del mundo. 
 *Una caracola, para que aprendas a amar el agua.
  *Un atardecer dorado, para que bañes tus ojos de cielo. 
 *El canto de los pájaros al amanecer, para que oigas la música de tu alma. 
 *Un amigo para jugar, para recordarte tu humanidad. 
 *Una noche estrellada, para que veas la eternidad dentro de ti. 
 *Un día de lluvia, para que aprendas a ser agradecido. 
 *Un día de sol, para que reconozcas la luz que llevas dentro. 
 *Una canción, para que puedas celebrar la danza de la vida.
  *Una botellita cerrada. No la abras nunca, para que así puedas amar y comprender el Misterio.

FUENTE:
Blog de José María Toro

sábado, 20 de febrero de 2016

REGALOS DEL CUARTO REY MAGO José María Toro


REGALOS DEL CUARTO REY MAGO 
José María Toro

*Una flor, para que aprendas a amar la tierra.
 *Una jaula sin puerta, para que aprendas a amar el aire
*Una vasija de barro, para que aprendas la fragilidad de las cosas. 
*Un reloj sin manecillas, para que vivas todo en presente. 
 *Un abrazo en silencio, para que alumbres en ti la ternura. 
 *Un libro, para que te sientas más libre. 
 *Un día sin televisión, para que la noticia seas tú.
  *Un paseo por el campo, para celebrar la belleza del mundo. 
 *Una caracola, para que aprendas a amar el agua.
  *Un atardecer dorado, para que bañes tus ojos de cielo. 
 *El canto de los pájaros al amanecer, para que oigas la música de tu alma. 
 *Un amigo para jugar, para recordarte tu humanidad. 
 *Una noche estrellada, para que veas la eternidad dentro de ti. 
 *Un día de lluvia, para que aprendas a ser agradecido. 
 *Un día de sol, para que reconozcas la luz que llevas dentro. 
 *Una canción, para que puedas celebrar la danza de la vida.
  *Una botellita cerrada. No la abras nunca, para que así puedas amar y comprender el Misterio.

FUENTE:
Blog de José María Toro

sábado, 6 de febrero de 2016

EL NIÑO QUE PUDO HACERLO...


EL NIÑO QUE PUDO HACERLO...

Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.
Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.

Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.
A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.
Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.
Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

UN CUENTO PARA DESPERTAR A LOS PROFESORES

UN CUENTO PARA DESPERTAR A LOS PROFESORES


A todos los “profes”… ¡Feliz despertar!

Aquella mañana  la señorita Thompson fue consciente de que había mentido a sus alumnos. Les había dicho que ella les quería a todos por igual pero, acto seguido se había fijado en Teddy, sentado en la última fila, y se había dado cuenta de la falsedad de sus palabras.

La señorita Thompson había estado observando a Teddy el curso anterior y se había dado cuenta que no se relacionaba bien con sus compañeros y que tanto su ropa como él parecían necesitar un buen baño. Además el niño acostumbraba a comportarse de manera bastante desagradable con sus profesores. Llego un momento en que la señorita Thompson disfrutaba realmente corrigiendo los deberes de Teddy y llenando su cuaderno de grandes cruces rojas y bajas puntuaciones. Sin duda era lo que merecía por su dejadez y falta de esfuerzo.

En aquel colegio era obligatorio que cada maestro se encargara de revisar los expedientes de los alumnos al inicio de curso, sin embargo la señorita Thompson fue relegando el de Teddy hasta dejarlo para el final. Sin embargo al llegarle su turno, la profesora se encontró con una sorpresa. La profesora de primer curso había anotado en el expediente del chico: “Teddy es un chico brillante, de risa fácil. Hace sus trabajos pulcramente y tiene buenos modales. Es una delicia tenerle en clase.” Tras el desconcierto inicial, la señorita Thompson continúo leyendo las observaciones de los otros maestros. La profesora de segundo había anotado, “Teddy es un alumno excelente y muy apreciado por sus compañeros, pero tiene problemas en seguir el ritmo porque su madre está aquejada de una enfermedad terminal y su vida en casa no debe ser muy fácil.” Por su parte el maestro de tercero había añadido: “La muerte de su madre ha sido un duro golpe para él. Hace lo que puede pero su padre no parece tomar mucho interés, sin no se toman pronto cartas en el asunto, el ambiente de casa acabará afectándole irremediablemente.”. Su profesora de cuarto curso había anotado: “Teddy se muestra encerrado en sí mismo y no tiene interés por la escuela. No tiene demasiados amigos y, a veces, se duerme en clase.”

Avergonzada de sí misma, la señorita Thompson cerró el expediente del muchacho. Días después, por Navidad, aún se sintió peor cuando todos los niños le regalaron algunos detalles envueltos en brillantes papeles de colores. Teddy le llevó un paquete toscamente envuelto en una bolsa de la tienda de comestibles. En su interior había una pulsera a la que faltaban algunas piedras de plástico y una botella de perfume medio vacía. La señorita Thompson había abierto los regalos en presencia de la clase, y todos rieron mientras enseñaba los de Teddy. Sin embargo las risas se acallaron cuando la señorita Thompson decidió ponerse aquella pulsera alabando lo preciosa que le parecía, al tiempo que se ponía unas gotas de perfume en la muñeca. Teddy fue el último en salir aquel día y antes de irse se acercó a la señorita Thompson y le dijo: “Señorita, hoy huele usted como solía oler mi mamá.”

Aquel día la señorita Thompson quedó sola en la clase, llorando, por más de una hora. Aquel día decidió que dejaría de enseñar lectura escritura o cálculo. A partir de ahora se dedicaría a educar niños. Comenzó a prestar especial atención a Teddy y, a medida que iba trabajando con él, la mente del niño parecía volver a la vida. Cuánto más cariño le ofrecía ella, más deprisa aprendía él. Al final del curso, Teddy estaba ya entre los más destacados de la clase. Esos días, la señorita Thompson recordó su “mentira” de principio de curso. No era cierto que los “quisiera a todos por igual”. Teddy se había convertido en uno de sus alumnos preferidos.

Un año después la maestra encontró una nota que Teddy le había dejado por debajo de su puerta. En ella Teddy le decía que había sido la mejor maestra que había tenido nunca.

Pasaron seis años sin noticias de Teddy. La señorita Thompson cambió de colegio y de ciudad, hasta que un día recibió una carta de Teddy. Le escribía para contarle que había  finalizado la enseñanza superior y para decirle que, continuaba siendo la mejor maestra que había tenido en su vida.

Unos años más tarde recibió de nuevo una carta. El niño le contaba como, a pesar de las dificultades había seguido estudiando y que pronto se graduaría en la universidad con excelentes calificaciones. En aquella carta tampoco se había olvidado de recordarle que era la mejor maestra. Cuatro años después, en una nueva carta, Teddy relataba a la señorita Thompson como había decidido seguir estudiando un poco más tras licenciarse. Esta vez la carta la firmaba el doctor Theodore F. Stoddard, para la mejor maestra del mundo.

Aquella misma primavera, la señorita Thompson recibió una carta más. En ella Teddy le informaba del fallecimiento de su padre unos años atrás y de su próxima boda con la mujer de sus sueños. En ella le explicaba que nada le haría más feliz que ella ocupara el lugar de su madre en la ceremonia.

Por supuesto la señorita Thompson aceptó y acudió a la ceremonia con el brazalete de piedras falsas que Teddy le regalará en el colegio y, perfumada con el mismo perfume de su madre. Tras abrazarse, Teddy le susurró al oído: “Gracias, señorita Thompson, por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir importante, por haberme demostrado que podía cambiar.”

Visiblemente emocionada, la señorita Thompson le
susurró: “Te equivocas, Teddy, fue al revés. Fuiste tú el que me enseñó que yo podía cambiar. Hasta que te conocí, yo no sabía lo que era enseñar.”

FUENTE: